martes 24 de enero de 2012

Al César lo que es del César



Anda circulando por las redes sociales una imagen como esta, según la cual, en un año que se prevé de grandes ajustes y “sacrificios” para todos, “el Estado entregará, mensualmente, a la Iglesia Católica 13.266.216,12 euros, a cuenta de la cantidad que deba asignar a la Iglesia por aplicación de lo dispuesto en los apartados Uno y Dos de la disposición adicional decimoctava de la Ley 42/2006, de 28 de diciembre, de Presupuestos Generales del Estado para el año 2007.” Y yo, aunque ideológicamente me sitúo sin duda del lado de los que hacen comentarios como los que se ven en la imagen, creo también que es más importante que nunca que la información sea completa y veraz.
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Así que, ni corta ni perezosa, me pongo a buscar la Ley 42/2006, de 28 de diciembre, de Presupuestos Generalesdel Estado para el año 2007, bajo hasta la disposición adicional decimoctava, y averiguo de donde salen esas abultadas mensualidades que difícilmente caben en la mente de la mayoría de los mortales:
Uno. Con vigencia desde el 1 de enero de 2007 y con carácter indefinido, en desarrollo de lo previsto en el artículo II del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede sobre Asuntos Económicos, de 3 de enero de 1979, el Estado destinará al sostenimiento de la Iglesia Católica el 0,7 % de la cuota íntegra del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas correspondiente a los contribuyentes que manifiesten expresamente su voluntad en tal sentido.
 Dos. A estos efectos, se entenderá por cuota íntegra del impuesto la formada por la suma de la cuota íntegra estatal y de la cuota íntegra autonómica o complementaria en los términos previstos en la Ley reguladora del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.
¿quién carga con la cruz?
 Pues sí, damas y caballeros, la suma total que algunos (una gran parte, por lo que se ve) de los españoles entregan VOLUNTARIAMENTE a la Iglesia Católica, marcando la casilla correspondiente en su declaración de la renta, da para pagar 12 mensualidades de  13.266.216,12 euros. O sea, casi 160 MILLONES de euracos al año. Después, muchos de ellos se quejarán de los gastos en educación, sanidad, administraciones autonómicas y municipales y blablablabla. Pero apuesto que, llegada la primavera, muchos volverán a marcar esa casilla, considerando la “función social” de la iglesia a través de organismos como cáritas, asilos de ancianos o colegios, y obviando su responsabilidad con muchos de los recortes sociales que el "Estado" (que deberíamos ser todos) se verá "obligado" a hacer.
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Yo, por supuesto, seguiré considerando que la justicia social debe ser responsabilidad fundamental del Estado, por oscuro, corrupto y poco representativo que sea. Seguiré defendiendo la existencia y el funcionamiento de los servicios públicos de palabra, de obra y de bolsillo. Porque, si los que supuestamente dependen de nuestros votos hacen lo que quieren con el dinero, ¿qué no harán aquellos a los que ni siquiera podemos elegir?  .
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martes 22 de noviembre de 2011

Tacones

De vez en cuando recibo correos electrónicos interesantes. Esta vez fueron algunos zapatos de un diseñador israelí, Kori Levy. La verdad es que no soy yo muy dada a extravangancias en cuanto a mi imagen, pero cuando me pongo tacones, por muy convencionales que sean, me siento exactamente como si llevara alguno de estos modelos.



 de pronto, todo parece más resbaladizo.




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andar se convierte en un trabajo de chinos... ¡o de chinas!



 separar el pie del suelo resulta fatigoso






 



así que acabo moviéndome mucho menos que de costumbre









como si estuviera encorsetada



lo cual hace que sienta limitada mi libertad de movimientos






Aun así, acabo incluso más cansada que otros días








como si mis pies hubiesen sido atacados sin piedad



Y me entra la vena feminista, más virulenta que nunca.
 

¿Por qué tenemos que someternos a estas absurdas e incómodas costumbres transmitidas de generación en generación?




Esa limitación de movimientos, ¿es para que nos estemos quietecitas mientras los chicos corretean por ahí en completa libertad?





¿Para que se nos quiten las ganas de ir mucho más lejos que al super de la esquina?









¿o simplemente para dar por...?






martes 1 de noviembre de 2011

Purga


Iba a escribir una entrada sobre la exitosa novela de Sofi Oksanen, pero no encontraba las palabras. Entonces descubrí que un tal JavierBR había escrito ya la mayoría de mis opiniones. Así que, ¿para qué?

Caín y Abel
Me limitaré a ilustrar algunos apuntes más imprecisos con cuadros de Marc Chagall, pintor de impresiones que vino de Bielorrusia, un país con una historia paralela a la de aquel en el que se desarrolla la novela. 

Cainismo
Inevitable acordarse de los primeros hermanos bíblicos ante la envidia de Aliide hacia Ingel por el amor de Hans. Y establecer un paralelismo con las luchas y rencores silenciosos que, en el libro como en la vida, se establecen entre compatriotas en situaciones de guerra y represión.

  
Redención
Crucifixión blanca
Tal vez Zara le proporcione a Aliide una oportunidad de redimirse de sus culpas. Tal vez Aliide sea la oportunidad de Zara para redimirse de las suyas. Tal vez las dos cosas. Tal vez ninguna. 

Aliide Truu miraba fijamente a la mosca y ésta le devolvía la mirada. Aquellos ojos globulosos le provocaban náuseas. Era una moscarda excepcionalmente grande, ruidosa, ansiosa por poner los huevos. Mientras aguardaba colarse en la cocina, se frotaba las alas y las patas sobre la cortina, como preparándose para comer. Buscaba carne, sólo carne. Las mermeladas y el resto de conservas estaban a salvo, pero la carne no. La mosca esperaba. Esperaba a que Aliide se cansase de intentar cazarla, saliera de la habitación y abriese la puerta de la cocina. El matamoscas se estrelló contra la cortina,que se agitó, las flores de encaje se arrugaron y 
El ángel caído
los claveles de invierno quedaron a la vista por un momento a través del cristal, pero la mosca escapó y fue a posarse desafiante en la ventana, justo encima de la cabeza de Aliide. ¡Paciencia! Necesitaba calma para mantener la mano firme. […] Ya llevaba más de una hora intentando matarla, pero ella salía airosa de cada golpe y ahora volaba cerca del techo con un fuerte zumbido. Era una moscarda asquerosa, crecida en la alcantarilla. La dejó por un momento. Descansaría un poco, después la mataría y más tarde iría a escuchar la radio y preparar conservas.


Vacas sobre Vibetsk
.         Letonia
Impresionante la historia de este país que, como Bielorrusia, como las protagonistas de la novela, casi nunca pudo ser él mismo, víctima de un sometimiento cíclico a diferentes botas.
Aliide sabía lo que se sentía cuando tu único deseo es escapar […] Tal vez la historia de la muchacha fuese igual de simple. Pero tenía que desembarazarse de ella, no quería que los mafiosos volviesen. ¿Qué podía hacer, pues? Tal vez nada. Si nadie iba a echarla de menos, quizá pudiese limitarse a cerrar las tomas de aire del cuartucho. Le iba a estallar la cabeza. Las cortinas flameaban con desesperación, los ganchos tintineaban, la tela se sacudía. El crepitar del fuego había cesado, el tictac del reloj había sido silenciado por el viento. Todo se repetía. 
 Aunque el rublo se había convertido en corona, aunque los vuelos militares que la sobrevolaban habían ido a menos y las mujeres de los oficiales ya no hablaban tan alto, aunque desde los altavoces del Pitkä Hermann sonaba sin cesar el himno de la independencia, siempre había una nueva bota de cuero curtido al cromo, siempre llegaba una bota nueva, igual o diferente, pero que siempre pisaba la garganta del mismo modo.



Guerra
Yo y el pueblo

martes 27 de septiembre de 2011

Basado en hechos reales

      
Conocí a X hace tres años, cuando empezaba 2º de ESO. Era un alumno discreto, tímido y responsable, tranquilo y buen lector, que a lo largo del curso fue demostrando una madurez superior a la de sus compañeros,  más lucidez de la habitual y cierto rigor intelectual que auguraba un futuro académico prometedor. Una mente muy bien amueblada pero poco entusiasta. Claro, pensaba, estos contenidos son demasiado simples, con el tiempo se irá volviendo más ambicioso. 

      Pero no. En los cursos siguientes tuve la sensación de que se esforzaba en no desarrollar demasiado sus capacidades. Siguió siendo un alumno disciplinado y responsable, pero por momentos parecía que no le gustaba demasiado destacar; que se esforzaba, casi contra su naturaleza, en mantenerse en una tibia mediocridad que no fuese preocupante pero que no nos hiciese albergar demasiadas expectativas. 

En 4º fui su tutora. En una reunión con su madre hablamos de su futuro. No debía relajarse, pensaba yo, era un alumno del que se podía esperar un expediente brillante, que le abriera las puertas de ese futuro de éxitos académicos que uno piensa que todo padre desea. Él hará algo que pueda estudiarse aquí, me dijo. Bueno, dije, aun es pronto para pensar en eso, pero no tiene por qué limitarse, se pueden buscar becas, ayudas, lo que sea, alumnos como él deben poder estudiar lo que quieran. Ella calló, pero su mirada, sus gestos, tan sutiles y moderados como los de su hijo, me transmitieron que la idea no le hacía mucha gracia. 

              Supongo que hay gente que no espera un hijo inteligente. Menos todavía, un intelectual. Supongo que prefieren un hijo que perpetúe lo que ellos son: una buena persona, trabajador y padre de familia, que reproduzca la vida apacible y segura de una familia modesta en una pequeña ciudad de provincias. Un trabajo fijo, unos nietos con los que venir a comer los domingos, hablar sobre la vida de los vecinos, el fútbol, Belén Esteban, el escandaloso comportamiento de la juventud actual o lo aprovechados que son los políticos. Nacer, crecer, reproducirse, y morir, como dicen los libros de texto antiguos, que son los que saben.

            Ayer, en mi guardia de patio, hablaba con mis extutorandos de esa aventura que comienzan con el Bachillerato, de lo que van a crecer, de lo bonito que puede ser afrontar nuevos retos, de lo interesantes que pueden ser esos contenidos “más difíciles”, de lo importante que es prepararse… Salió, como no, el tema del selectivo (que es como los de nuestro mundillo seguimos llamando a la actual PAU), y R dijo, mirando a X, que estaba a su lado: Bueno, algunos ya saben que no van a presentarse al selectivo.  Mis ojos debieron de alcanzar el tamaño de los balones de fútbol que revoloteaban a nuestro alrededor. ¡¿Cómo?!  

Profe, la universidad es una pérdida de tiempo. Te pasas allí cuatro, cinco o seis años y no te soluciona nada. Una oposición, de policía o guardia civil, eso sí es seguro, y no pierdes el tiempo. Yo en cuanto cumpla 18 me pongo a preparar la oposición. Me quedé noqueada. No me atreví a decir que la universidad, a una mente bien amueblada, también le puede dar riqueza de pensamiento, amplitud de miras, espíritu analítico, variedad de intereses… Eso no iban a entenderlo. Dije solo que una carrera no impide ser  policía o guardia civil, que en todo caso solo te da la posibilidad de elegir. Que, en el peor de los casos, son unos años que merece la pena vivir, aunque luego prepares unas oposiciones que no te los exijan.

           Eso es lo que dije pero, ¿lo creo? ¿Se puede pedir a un alumno, a una familia trabajadora, un esfuerzo en pro del progreso intelectual, sin garantizarles a cambio unas condiciones de vida superiores a las de sus compañeros que abandonan los estudios? La humanidad necesita personas formadas, que “tiren” de ella, que hagan descubrimientos y estudios que favorezcan el progreso del ser humano en abstracto. Las personas concretas necesitan sobrevivir, asegurarse unas condiciones de vida digna. Y los dos intereses, al menos en España, parece que están más enfrentados que otra cosa.

       Una sociedad que no es capaz de ofrecer estímulos a los individuos mejor dotados para hacerla avanzar se convertirá en una sociedad estancada. Pero también es injusto hacerla avanzar a costa de un esfuerzo que los propios individuos reconocen como inútil para su propia vida. 

      Me temo que en menos de dos años no conseguiremos cambiar la situación lo suficiente como para convencer a X y a sus padres de que la universidad no es una pérdida de tiempo. Esperemos que a las profesoras de los hijos de X les resulte más fácil.

martes 6 de septiembre de 2011

Divide y vencerás

video

Leyendo el siguiente fragmento de El blog del Inquisidor, de Lorenzo Silva, se me ocurre que las cosas han cambiado muy poco en los últimos siglos. 

¿Es que la historia no nos enseña nada?

Bueno... parece que a los poderosos sí.

<<El hecho es que entonces, a mediados del siglo XV, ser judío en los reinos cristianos de España no era ilegal, no se los perseguía ni se los expulsaba, como en otros reinos cristianos europeos. Tan sólo se veían sometidos a una reducción de sus derechos civiles, odiosa, claro está, pero que no les impedía llevar adelante sus negocios ni practicar su culto. Por el contrario, aquellos judíos que habiéndose bautizado continuaban en secreto con la religión de sus antepasados eran formalmente herejes, y como tal perseguibles por la Inquisición, bajo cuya jurisdicción habían caído a raíz del bautismo... 
Una situación bastante particular, desde luego.
Lo tremendo fue lo que se siguió de ella. ¿Quiénes fueron los principales testigos de cargo contra los conversos en esos años?
Pues no sé. ¿Quiénes?
Los propios judíos. Ellos sabían mejor que nadie quiénes eran los conversos que seguían con su antiguo culto. A veces, simplemente porque los veían en la sinagoga. Y los denunciaban a la Inquisición. Por traidores, pero también porque seguían disfrutando de derechos que ellos, como judíos convencidos y consecuentes, habían aceptado perder.
En fin. Suena creíble. Por feo que resulte.
Es la condición humana. Y está documentado. Como está documentado lo que pasó luego, a partir, de 1492, cuando por fin se decretó la expulsión, ¿quiénes fueron los que denunciaron a los judíos que desobedecieron el decreto de expulsión y permanecieron escondidos?
Imagino la respuesta. 
Exacto: los herederos de aquellos conversos denunciados en su día por los judíos que ahora pasaban a ser proscritos y a los que podían arrojar a las fauces del mismo tribunal al que habían servido como delatores. De donde se deduce la triste conclusión de que los judíos colaboraron  eficazmente con el Santo Oficio en su propia represión.
Bueno, no deja de ser una visión algo dura.
¿En qué?
Dadas las circunstancias...
No hay ninguna excusa, Theresa. No es como la colaboración por el miedo que se dio en otras persecuciones. En el Holocausto nazi, por ejemplo, donde la gente cooperaba para salvar el pellejo. Antes de 1492 los judíos no tenían nada que temer si no denunciaban a sus hermanos clandestinos. Lo hicieron, los entregaron al enemigo, para que no gozaran de lo que ellos no tenían; quién sabe si incluso para hacer méritos ante los mismos cristianos que los discriminaban. Y después de 1492, el móvil de los conversos fue la venganza pura y dura. [...]
... más que la expresión de un fanatismo religioso, el Santo Oficio fue un instrumento de los reyes españoles para desactivar a un serie de minorías que amenazaban la cohesión del reino. Judíos, moriscos, protestantes... En teoría se les perseguía por sus creencias, pero en la práctica lo que todos ellos representaban era una desviación respecto de la férrea unidad política que la Corona española había forjado en torno a la religión católica.>>

domingo 4 de septiembre de 2011

Información y manipulación

          A estas alturas de la película, los habitantes de las pseudodemocracias ya no sabemos a quién creer. Pero al menos estaría bien contar también con las versiones silenciadas sobre algunas cuestiones. Como reza el título de este documental, La revolución no será televisada. Pero, ¿quién se fía, a estas alturas, de la televisión?

           Todavía no sé qué pensar sobre Chávez o Venezuela, pero ese tampoco es el tema de la película. La verdadera cuestión es qué parte de lo que ocurre nos llega y cómo. El acceso a una realidad objetiva e indiscutible es una quimera, siempre lo ha sido, pero ahora al menos tenemos la posibilidad de acceder a múltiples versiones, de crearnos una realidad en 3D que no imponga un lado concreto para mirar las cosas. Siempre que, al menos de vez en cuando, apaguemos la televisión y cerremos el periódico.

        Como escribió el usuario que subió este documental a Youtube, "la revolución no será televisada, pero está en Youtube"


miércoles 31 de agosto de 2011

Trabajo y empleo

Hace cosa de dos años, el principio de la crisis me pilló leyendo La conjura de los necios. Por aquel entonces, el gobierno intentaba paliar la situación económica con incentivos a la compra de coches o financiación municipal para obras innecesarias. Incentivar el gasto no porque sea necesario en sí mismo, sino solo (o nada menos que, según se mire) para mantener puestos de trabajo que se iban a perder. 

En ese contexto, no es extraño que uno de los temas que más llamaron la atención de esta novela (en la que, por otro lado, podríamos encontrar casi cualquier otro tema), fuese el del trabajo como un fín en sí mismo. En la obra, los “trabajos” que aparecen son completamente inútiles para la sociedad, e incluso perniciosos para el individuo. El ejemplo más parecido al de la realidad con la que comienzo esta entrada es el del policia Mancuso, que vaga por Nueva Orleans buscando “sospechosos”. ¿Sospechosos de algo? ¡No! Sospechosos, así, a secas. No es que haya un crimen que investigar, no. Ni siquiera un sospechoso de algo concreto. Hay que encontrar sospechosos, aunque sea de robar cacahuetes, para justificar el sueldo. Y Mancuso, hombre respetable donde los haya, se entrega concienzudamente a la tarea. El caso de la Señora Trixie es diferente. Ella no quiere trabajar, y lo evita en la medida de lo posible. Son las clases burguesas y ociosas, representadas por la Señora Lévy, las que se empeñan, contra la voluntad de la pobre anciana, en que ella “necesita realizarse”, y que su realización pasa por “realizar” un trabajo inútil en una oficina inútil. 

Por su parte, Ignatius Reilly, a sus 30 años, vive encerrado en su habitación escribiendo sus cuadernos “Gran Jefe”. Para las gentes con sentido común (cualidad comentada ya en otro post), podría parecer un vago aprovechado que no hace nada con su vida y vive de la pensión de su pobre madre. ERROR. Por mal que nos caiga este personaje, por ridículas que puedan parecer sus pretensiones, Ignatius sí hace algo: escribe. El problema no es ese. El problema es que NO LE PAGAN. Ni le pagan ni genera dinero, como tampoco las “excentricidades” activistas de Myrna Minkoff, las fiestas organizadas por Dorian Green o el absoluto hedonismo del señor Lévy, personajes todos ellos dedicados a dilapidar sus herencias de acuerdo con sus intereses personales.

No les pagan porque su trabajo no es “útil”, no aportan nada a la sociedad, dirían esas mismas gentes biempensantes. Ya. Lo útil es decorar la oficina de Lévy Pants y archivar papeles antiguos (la única actividad de Reilly considerada “digna” por sus vecinos y su madre). Lo útil es vender salchichas a gente que ni las quiere ni las necesita (de lo contrario, iría a una tienda a buscarlas). Lo útil es buscar sospechosos de nada, organizar el papeleo de una empresa o regentar, como Lana Lee, un lugar donde, a diferencia de las fiestas de Dorian, se prostituyen el entretenimiento, el arte y el sexo. 

 
Y lo triste es que las cosas van así. El trabajo no es, en realidad, un servicio que se presta a los otros a cambio de una remuneración. La remuneración es el fin único, haya o no haya una necesidad que cubrir, una satisfacción que proporcionar o un progreso humano o social que producir. La mayoría de nosotros trabajamos exclusivamente para conseguir el dinero que mantiene la maquinaria del sistema. Mis alumnos ya lo saben: desde 3º o 4º de ESO, van a clase únicamente por los “puntos”, y les importa poco que esos puntos, como nuestro sueldo, respondan o no a un progreso real. No tienen que responder a nada. Tampoco importa mucho que mi trabajo, como el de mis compañeros, responda a nada. A nada más que a proporcionarnos a los trabajadores un sueldo con el que pagar un piso o un coche que mantenga a los trabajadores de las inmobiliarias, las constructoras, las fábricas, los concesionarios y los bancos, que a su vez pagarán impuestos para que los profesores otorguemos a sus hijos títulos que les permitan convertirse en trabajadores que se puedan comprar un piso y un coche, manteniendo así a otros hijos-trabajadores que pagarán impuestos para que sus hijos tengan un título que les permita comprar... 

Personas al servicio del dinero y no dinero al servicio de las personas. Ahora, con la crisis agudizada, un paro galopante, y después de haber visto documentales como Zeitgeist o The money fix, recuerdo estas reflexiones que antes eran solamente una intuición, y me pregunto si realmente es necesario un continuo crecimiento de la producción y el consumo. Puestos a financiar trabajos absurdos, ¿por qué no financiar a un Ignatius que escriba sus particulares reflexiones, en lugar de forzarle a realizar trabajos para los que ni vale, ni quiere, ni interesa? ¿por qué no financiar las excéntricas e inútiles actividades sociales de Myrna? ¿qué tiene de malo que Dorian Green organice fiestas gratuitas para sus amigos con el dinero producido por sus antepasados? ¿o que el señor Lévy haga lo propio en su propia comodidad? Al menos estas actividades resultan agradables y provechosas para alguien. Tal vez, si el dinero fuese un medio y no un fin en sí mismo, nuestro concepto de la “utilidad” del trabajo sería un poquito diferente. Tal vez, todo lo que malgastamos en financiar empleos ficticiamente productivos podría emplearse en actividades que realmente producen un bienestar o una satisfacción en alguien, y que en muchos casos la gente realiza por pura “afición”. No hay más que darse una vueltecilla por Internet para ver cuántas personas “regalan” gran cantidad de trabajo que no es empleo (muchos de ellos, probablemente, parados, otros malpagados o alienados en empleos que detestan, algunos porque se lo pueden permitir) Sí, señores, hay mucha gente que gratuitamente escribe, lee, crea, investiga, participa en actividades sociales, solidarias o culturales, entrena al equipo del barrio, se ocupa de sus hijos o de su familia, participa en el grupo de teatro local, organiza fiestas o reuniones de todo tipo, cultiva un pequeño huerto o un jardín... Tal vez si eliminásemos el gasto militar, la obsolescencia planificada, los oscuros movimientos financieros y alguna cosilla más, podríamos pagar a esta gente por sus "aficiones", que a menudo aportan al mundo y a ellos mismos más que muchos empleos reconocidos. Quién sabe, quizás incluso todo el mundo podría tener un salario mínimo, y a partir de ahí decidir lo que quisiera hacer...

Tal vez, hoy sea un día para soñar porque mañana retomo mi trabajo remunerado. Por dinero, claro que sí. Pero este año intentaré, de nuevo, divertirme en lo posible, buscar algo más que el sueldo, imaginarme que todo el esfuerzo me hace crecer y hace crecer a mis alumnos. Porque hoy sé que, si me pagaran aunque me quedara en casa, y a pesar de todos los contratiempos e incomodidades, mañana iría a trabajar en algo. Es el modo en que prefiero participar en una sociedad enferma pero en la que quiero participar.

Ojalá todos pudiéramos elegir. Mientras tanto, haremos lo que podamos con lo que tenemos.
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